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Empezar la escuela puede ser una experiencia difícil para muchos niños. La mayoría de las veces es la primera experiencia en el mundo sin la compañía de sus padres y es la maestra aquella persona que sustituirá a los cuidados de los padres y acompañará al niño durante gran parte el día.  Es por esto que es fundamental que el docente esté capacitado para enfrentar los retos que conlleva ser esa figura tan importante para los niños.  Para un niño con tartamudez, los años escolares pueden ser una maravillosa experiencia. Sin embargo para otros también pueden convertirse en un momento sumamente abrumador en que no solo los retos del proceso de aprendizaje si no sus dificultades en el habla juegan un papel determinante.

¿Qué es la tartamudez?

La tartamudez es una dificultad del habla que se caracteriza por interrupciones en la fluidez del discurso. Cuando esto sucede, el niño repite palabras y sílabas, se queda bloqueado antes de decir una palabra, puede presentar alargamientos de palabras o todas estas dificultades al mismo tiempo. A menudo existen conductas de lucha que son visibles para las personas que le rodean así como movimientos asociados de músculos de la cara o incluso del cuerpo. El tartamudeo comienza cuando los niños están en edad preescolar, más comúnmente cuando tienen alrededor de tres años y es necesario que siempre se consulte a un especialista con los primeros síntomas. El especialista será el encargado de guiarle en el proceso e identificar si la disfluencia es propia del proceso evolutivo o presenta características de ser patológica.

¿Cuál es la causa de la tartamudez?

La causa de la tartamudez ha estado rodeada de misterio a lo largo del tiempo,  todavía al día de hoy hay cosas por descubrir, pero actualmente los investigadores saben que es un problema neurológico con un componente genético que dificulta que el niño pueda combinar todos los movimientos rápidos necesarios para el habla. La tartamudez corre en los genes. Los detalles sobre exactamente qué genes son afectados aún no están completamente claros, aunque se han encontrado mutaciones de los genes GNPTAB y GNPTG.

Los niños que tartamudean enfrentan grandes desafíos en el ámbito  escolar. Pueden experimentar dificultades sociales y encontramos datos de investigaciones que muestra que más de la mitad de ellos son víctimas de burlas o intimidados con regularidad. Muchos niños que tartamudean también pueden ser calificados como menos populares que sus compañeros de clase. Algunos de ellos pueden tener un bajo perfil, parecer tímidos y silenciosos. Los maestros  a veces ni siquiera pueden ser conscientes de que tienen un niño que tartamudea en su clase, y mucho menos que este niño puede presentar ansiedad. Algunos niños que tartamudean pueden evitar hablar en clase o sentarse en la parte de atrás del aula para evitar ser notados. Pueden ser especialmente sensibles a la evaluación por los profesores o compañeros, y pueden responder “no sé” porque tienen miedo de tartamudear. Pueden aprender a evitar palabras difíciles u oportunidades de hablar. En lugar de hablar muchos pueden usar gestos y frases cortas para comunicarse, o pueden permitir que otros niños hablen por ellos. Para estos niños, tareas sencillas como leer en voz alta, hacer una exposición  o hacer una pregunta al profesor puede ser una fuente de ansiedad y vergüenza.

La  intimidación durante los años escolares se asocia con ansiedad en la edad adulta. No es extraño entonces que sea común que adolescentes y adultos afectados por la tartamudez experimenten ansiedad social por hablar, a menudo hasta el punto de tener un problema de salud mental diagnosticable. Se sabe que estos problemas han comenzado a gestar  durante los años escolares. Es común escuchar las historias clínicas de los pacientes y el común denominador es, que iniciaron a tartamudear en la escuela y fueron víctimas de burlas.  Así que si  el acoso puede ser un problema para cualquier niño, lo va a ser mucho más para un niño que tartamudea y que podría comenzar a desarrollar problemas de ansiedad desde edades muy tempranas.

Cuando un niño que tartamudea comienza la escuela, es importante que todos se aseguren de que el niño se sienta seguro y cómodo en el aula. Esto requiere de  la ayuda de los padres, los docentes, el director de la escuela y el terapeuta del lenguaje. Para algunos niños que tartamudean, podría ser de ayuda que  los otros niños sean sensibilizados sobre la tartamudez. Pero para otros niños que tartamudean, cualquier mención de su dificultad a sus compañeros  podría empeorar el problema. Lo más importante  aquí es prestar atención y descubrir cómo el niño necesita y desea ser ayudado a lidiar con la tartamudez en el aula. Muchos niños que tartamudean no necesitarán ayuda, pero para muchos otros esto será una herramienta útil. Otro consejo para el docente es identificar si el niño se siente cómodo hablando en voz alta en la clase. Si el maestro lo considera necesario, se debe conversar con el niño sobre esto. La  mayoría de los niños estarán más cómodos con la elección de otras alternativas para ser evaluado, por ejemplo si no debe hablar siempre de primero, que sus compañeros le pueden apoyar, etc.

¿Cuál es el tratamiento?

Finalmente, el tratamiento terapéutico para la tartamudez es realmente importante. Con el apoyo de los padres, profesores y un terapeuta del habla con experiencia, los niños que tartamudean tienen la oportunidad de mejorar y alcanzar sus metas escolares así como desarrollar su autoestima y relaciones interpersonales exitosas. Si su niño tartamudea no dude en contactar a un terapeuta del habla que le guiará durante el proceso. En nuestro consultorio contamos con las herramientas necesarias para apoyarle. Envíenos un mensaje o búsquenos en Facebook y dejenos saber sus dudas.